Vagabundeaba entre las calles.
El sol se había ocultado entre las siniestras nubes mientras estas empezaban a descargar sus lágrimas en la ciudad.
Hacía frío.Llevaba su abrigo cerrado solo dejando entrever sus ojos tapados por su larga melena humedecida por la lluvia. En sus oídos sonaba una lenta composición de Vivaldi. El invierno.
Caminaba decidido, mientras iba oteando a cada persona que se cruzaba en su camino.Algunos recorrían las calles impávidos y estoicos, como muñecos sin alma con un rumbo predefinido.
Se fijó en una chica que gritaba por teléfono a la lejanía.
A pesar de la música que sonaba podía oírla a más de treinta metros.Discutía con su pareja y le decía todo tipo de improperios.
No lo entendía. No entendía como la gente que se profesaba amor y perdón, de un día para otro era capaz de ser la máxima arma de destrucción masiva contra la otra persona. Se olvidaban todas las promesas hechas como si fueran palabras escupidas al viento.
Hacía tiempo que miraba a la gente, pero les miraba con la palabra 'traición' escrita en sus caras.
De como la confianza era un lujo que en aquel tiempo no se podía tener. Como aquellos hijos de Adán y de Eva, que durante miles de siglos habían prometido tanto, caían en una inopia de existencia sin sentido.
Se alaban y se seducen unos a otros, mintiéndose sin pudor, cuando obtenían todo lo que querían y lo hacían suyo, olvidando el hecho de que su prójimo es exacto a él, decidiendo aniquilarlo de la manera más vehemente.
Lloran unos instantes, pero ríen poco después como si nunca jamas hubiera sucedido y nada hubiese acontecido.
Caminaba y seguía pensando.¿Por qué?¿ Qué había cambiado tanto en tan poco tiempo?¿Era él o el mundo?
Se sentía más humano que humano. Sentía que a pesar de esa carencia de alma, su sangre contemplaba más sentimientos y respeto que todos ellos juntos con sus almas y sus palabras.
Su mente vaga viajó hacía sus recuerdos, otros tiempos y otro mundo.
Le notaba cada día y cada noche bajo su piel cálida.
Aquel antiguo yo perdido en el tiempo, que dejaba verter recuerdos de todo aquello que fue en aquel entonces, de todo lo que tuvo.Lo que en aquella campiña francesa, al pie de una pira de fuego perdió.
Su ultima esperanza.
La lluvia dejó de mojar su cabello, y empezó a recorrer sus ojos.

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