aquel dos veces acontecido.
Ni de un mundo ni otro,
aquel jamás, que hubiese pertenecido.
Viviendo entre el sol cálido,
entre hombres y dioses,
naciendo en la sombra deseada.
en día y noche de luna amada.
Que viajó por los mundos perdido,
y encontró en sus labios su destino.
Más a su lado permaneció,
todo el tiempo que les fuera permitido.
Encontró en su corazón,
su mundo amado,
aquellos sueños que al nacer le arrebataron,
Todo lo que aquel desdichado había anhelado.
Y al final encontró la pérdida,
de su corazón roto y encogido
perdida ella, y toda su vida,
buscó en el fuego purificador un final enaltecido.
Volvió una vez más al mundo,
como una sombra de lo que fue,
alojado en su corazón profundo,
siendo de la vida un mero vagabundo.
Viviendo aquel bajo su piel
recordándole todo aquello cada segundo,
quién era en realidad,
que era lo que había sentido,
rey de sueños y rey de inmundos.

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